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Después del 8M: los derechos de las mujeres en México siguen siendo una tarea diaria

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    Revista Booking
  • hace 16 horas
  • 2 Min. de lectura

POR: LILIANA HERNÁNDEZ


El eco del Día Internacional de la Mujer aún resuena, pero su significado va mucho más allá de una fecha en el calendario. Lejos de ser una celebración, el 8M es una pausa colectiva para mirar de frente una realidad: los derechos de las mujeres no son definitivos, se ejercen, se defienden y se construyen todos los días.


La historia lo deja claro. Desde las primeras movilizaciones obreras y sufragistas del siglo XX, esta conmemoración nació como una exigencia de justicia. Décadas después, el reconocimiento global por parte de la ONU en 1975 consolidó su importancia, pero también recordó que las luchas siguen vigentes.


En México, los avances son innegables. Hoy existen marcos legales y mecanismos que hace años parecían lejanos: el reconocimiento constitucional del derecho a una vida libre de violencia, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la tipificación del feminicidio, la Alerta de Violencia de Género y la llamada Ley Olimpia que visibiliza y sanciona la violencia digital. A esto se suma la paridad en la participación política y el avance en la despenalización del aborto en distintas entidades.


Sin embargo, el reto no está solo en tener leyes, sino en hacerlas realidad.


Durante el actual gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum, se han impulsado reformas para fortalecer la igualdad sustantiva, promover la equidad salarial y ampliar la protección frente a violencias como la digital o la vicaria. Programas como la pensión para mujeres de 60 a 64 años, la implementación de la línea 079 y la creación de fiscalías especializadas buscan traducir los derechos en acciones concretas.


Aun así, la distancia entre el papel y la vida cotidiana sigue siendo evidente.


Datos recientes de organizaciones como Fundación Instituto Natura y Avon revelan un panorama preocupante: 7 de cada 10 mujeres conocen poco o nada sobre las leyes que las protegen, la mitad no sabe a dónde acudir en caso de violencia y más de la mitad ha vivido alguna forma de agresión. La violencia, más que desaparecer, se sostiene en el silencio, la desinformación y el miedo.


Ahí es donde el conocimiento se vuelve herramienta.


Saber que el acoso es un delito, que existe el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, que ninguna mujer puede ser despedida por embarazo o que el Estado está obligado a prevenir, atender y sancionar la violencia, no es información menor: es una forma de protección.

Porque los derechos no son solo conceptos legales. Son condiciones para vivir con dignidad: estudiar, trabajar, decidir, moverse libremente y vivir sin miedo.


El 8M ya pasó, pero la conversación apenas comienza. Nombrar los derechos, entenderlos y exigirlos es lo que transforma una conmemoración en un cambio real. En un país donde las brechas persisten, recordar lo conquistado no es suficiente: el verdadero desafío está en garantizar que cada uno de esos derechos se cumpla, todos los días y para todas.

 
 
 

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