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Menstruar en México: más información, pero las mismas brechas que frenan una vida digna

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    Revista Booking
  • hace 21 horas
  • 2 Min. de lectura

POR: LILIANA HERNÁNDEZ


En un país donde hablar de menstruación comienza a dejar de ser tabú, los datos cuentan otra historia: el acceso, la información y las condiciones dignas siguen siendo un privilegio y no un derecho garantizado. Así lo revela la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual, impulsada por Essity, UNICEF y Menstruación Digna México.


Tres años después de su primera edición, el estudio realizado con 3,000 personas menstruantes entre los 12 y 70 años no solo actualiza cifras: expone con claridad que las deudas estructurales en torno a la menstruación persisten e incluso se profundizan en algunos ámbitos clave.


Uno de los hallazgos más reveladores es el vacío informativo. El 66% de las personas encuestadas asegura haber tenido poca o nula información al momento de su primera menstruación, y el 75% desconoce que el ciclo menstrual se divide en cuatro fases. Aunque la conversación ha migrado hacia espacios digitales donde más de la mitad busca respuestas, la escuela sigue prácticamente ausente: apenas el 4% recibe educación menstrual en este entorno.


La falta de información no solo impacta el conocimiento, también condiciona la experiencia cotidiana. El dolor menstrual continúa siendo una barrera real: el 34% de las personas ha dejado de realizar actividades por esta causa, mientras que el miedo a mancharse afecta al 33%. En niñas menores de 15 años, el impacto es aún más crítico: casi una de cada tres ha faltado a la escuela durante su periodo.


Pero más allá de lo individual, la encuesta pone el foco en lo estructural. La infraestructura y el acceso a insumos siguen siendo uno de los principales puntos de desigualdad. En 2022, el 56% no contaba con productos menstruales ante imprevistos en espacios escolares o laborales; hoy, la cifra ha escalado al 67%. A esto se suma que, en contextos escolares, el 42% reporta carencias básicas como jabón, papel higiénico o condiciones adecuadas de limpieza.


Paradójicamente, aunque el acceso a productos muestra una ligera mejora disminuyendo de 30% a 21% las personas que reportan dificultades para adquirirlos, la menstruación continúa representando una carga económica constante, especialmente en hogares con recursos limitados.


La encuesta también amplía la conversación hacia etapas históricamente invisibilizadas. En temas como la perimenopausia y la menopausia, el desconocimiento es abrumador: el 80% no sabe en qué consiste la primera, y la mayoría no ha recibido orientación médica ni tratamiento para atravesar estos procesos.


A nivel cultural, los cambios son sutiles pero significativos. Cada vez más personas consideran que hablar de menstruación no debería ser mal visto (92%), aunque aún persiste la percepción de desigualdad frente a quienes no menstrúan. La conversación avanza, pero las condiciones materiales no lo hacen al mismo ritmo.


Más que un diagnóstico, esta segunda edición funciona como un llamado urgente: la menstruación digna no puede depender del contexto económico, la edad o el acceso a información fragmentada. La evidencia ya está sobre la mesa. El reto ahora, coinciden las organizaciones, es transformar estos datos en políticas públicas, infraestructura adecuada y educación integral que permitan vivir el ciclo menstrual con salud, información y, sobre todo, dignidad.

 
 
 

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