Violencia digital: una agresión que no se apaga con un clic
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Por Liliana Hernández
En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una fecha que cada año convoca a la reflexión global, el foco de 2025 se centra en una problemática que crece a la par del uso de la tecnología: la violencia digital. En México, este tipo de agresión se ha convertido en una extensión alarmante de las desigualdades que ya existen fuera de las pantallas, afectando de manera desproporcionada a mujeres y niñas.
En este contexto, Fundación Instituto Natura y Avon presentan la campaña #LlámalaPorSuNombre, una iniciativa que busca romper la normalización de todas las formas de violencia física, psicológica, económica, simbólica y digital e invitar a la sociedad a reconocerlas y enfrentarlas. Su propuesta se apoya en el nuevo Índice de Concientización sobre Violencia de Género, una herramienta regional que evidencia la brecha entre la percepción y la realidad: en México, solo el 15% de la población alcanza un nivel alto de conciencia sobre este problema, mientras que una mayoría reconoce que el miedo y el desconocimiento de las leyes siguen frenando las denuncias.
La violencia digital, amplificada por el anonimato y la falta de regulación tecnológica, se manifiesta con especial crudeza contra mujeres con presencia pública, activismo social o participación política. El fenómeno se agrava con la aparición de abusos habilitados por inteligencia artificial y con la expansión de discursos de odio en línea. Las cifras del INEGI revelan un panorama contundente: más de 10 millones de mujeres mexicanas han sido víctimas de ciberacoso, un riesgo que no solo vulnera su seguridad digital, sino que también acarrea consecuencias físicas, emocionales y sociales.
Formas más comunes de violencia digital
● Uso indebido o difusión no consentida de imágenes íntimas.
● Ciberacoso, troleo y amenazas en línea.
● Falsificación de imágenes mediante IA.
● Discurso de odio y desinformación.
● Doxeo (difusión de información privada).
● Vigilancia o seguimiento digital.
● Suplantación de identidad.
El avance de la Ley Olimpia ha representado un paso fundamental para reconocer y sancionar este tipo de agresiones, sin embargo, su aplicación aún enfrenta retos frente a un ecosistema digital en constante evolución. Por ello, el Día Naranja reitera un mensaje contundente: la violencia digital no es un daño menor ni un fenómeno aislado. Es real, tiene consecuencias profundas y requiere la acción conjunta de gobiernos, plataformas, organizaciones y ciudadanía.
Este 25N, alzar la voz es indispensable. Porque lo que ocurre detrás de una pantalla puede lastimar con la misma fuerza que lo que sucede fuera de ella, y la violencia contra las mujeres en todas sus formas no debe tener cabida en ningún espacio.




